CASAR A HITLER CON UNA PRIMO DE RIVERA
La brillantez de los hombres suele medirse generalmente por su grado de excentricidad. Esto provoca que la mayoría de genios que componen la historia hayan sido personajes llenos de peculiaridades.
En el podio de lo excéntrico se encuentra, sin duda, Ernesto Giménez Caballero en España.
Escritor y diplomático falangista, fue uno de los primeros intelectuales en abrazar las ideas fascistas, y se declaró entusiasta de la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial del lado de la Alemania de Hitler.
Fue en el país germano, ejerciendo como diplomático, donde Gecé (así lo llamaban) tuvo una idea de las suyas.
En 1941, con motivo de la invitación que le hizo la Asociación Europea de Escritores presidida por Joseph Goebbels, fue a cenar a casa del ministro nazi.
Allí, tras la cena, le comentó a Magda, esposa de Goebbels, su particular proyecto: consideraba oportuno casar a Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio, con Adolf Hitler. Esta sería, a juicio de Giménez Caballero, la oportunidad definitiva de restaurar el viejo bloque hispanogermano que se vino abajo con la muerte sin descendencia de Carlos II el Hechizado en 1700.
Las ideas de Gecé, aunque fueron valoradas por la esposa del jerarca nacionalsocialista, fueron desechadas con el pesar de ambas partes debido al balazo que Hitler recibió en un testículo durante la I Guerra Mundial, que le invalidaba para poder dejar descendencia.
Estas y otras andanzas serían contadas por Don Ernesto en su «Memorias de un dictador», que dan fe de lo particular, excéntrico, extraño y brillante del personaje.


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