MARZO DE 2004, LAS ELECCIONES MÁS POLÉMICAS DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA

 

En su debate de investidura del año 2000, el presidente del gobierno José María Aznar (PP) anunció que no se presentaría como candidato para un tercer mandato. Ese mismo año, el PSOE eligió como nuevo secretario general al diputado por León José Luis Rodríguez Zapatero. En septiembre de 2003, Aznar eligió a su vicepresidente Mariano Rajoy como su sucesor al frente del Partido Popular. En las elecciones del 14 de marzo de 2004, por tanto, los dos principales partidos políticos españoles se presentarían con nuevos candidatos.La gran mayoría de los sondeos pronosticaban una plácida victoria del PP, que aspiraba a seguir gobernando España cuatro años más, a partir de entonces con Rajoy como presidente del Gobierno.

El PP, que en las elecciones de 2000 alcanzó la mayoría absoluta, partía como favorito.El mandato de Aznar estuvo marcado por los buenos resultados económicos, pero también por la participación de España en la guerra de Irak y su acercamiento al presidente estadounidense George W. Bush. El acercamiento de Aznar al presidente de EEUU Bush y al primer ministro británico Tony Blair fue visto por algunos como un avance de las relaciones internacionales de España, pero también duramente criticado por otros, hasta el punto de desencadenar manifestaciones masivas. El socialista Zapatero propuso en campaña retirar a las tropas españolas de Irak en caso de ser elegido presidente, y una parte de la sociedad española expresó su rechazo a la guerra y a la creencia compartida de Aznar y Bush sobre la existencia de armas de destrucción masiva. Pese a ello, el Partido Popular partía como claro favorito en los comicios del 14 de marzo.

Sin embargo, tres días antes de las elecciones tuvo lugar una inesperada barbarie que cambiaría el resultado electoral final de forma decisiva. El 11 de marzo de 2004, una serie de ataques (diez explosiones casi simultáneas) en los trenes del servicio Cercanías en Madrid se cobraron la vida de 193 personas y dejaron alrededor de 2000 heridos, en lo que supuso el mayor atentado de la historia de España. La autoría de los atentados del 11M fue un punto de discusión clave de cara a los comicios. Se entendía que si ETA era responsable de la masacre, como en un inicio se afirmó desde el Gobierno, el Partido Popular triunfaría en las elecciones. Pero a medida que el tiempo pasaba, los indicios comenzaron a apuntar al yihadismo. El hecho de que esta pudiese haber sido la motivación de los terroristas fue visto por una parte de los españoles como una represalia del islamismo radical por la entrada de España en Irak. Esto perjudicó enormemente al gobierno del PP, que tres días después de los atentados fue derrotado por el PSOE, que dio la vuelta a la mayoría de sondeos contrarios y ganó las elecciones obteniendo el 42,63% de los votos, convirtiéndose en el partido mayoritario en el Congreso. Algunos medios de comunicación cercanos a la derecha, entre los que destacó el diario El Mundo, sostuvo durante mucho tiempo que los autores materiales o intelectuales de los atentados del 11M estaban vinculados a ETA, teoría a la que la mayoría del Partido Popular se adhirió.

Según estas teorías, el verdadero objetivo de los atentados habría sido lograr un cambio en el Gobierno, no la retirada de las tropas de Irak. Los numerosos aspectos de la investigación sin aclarar dieron lugar a sospechas. Se acusó al ministerio del Interior del Gobierno socialista de no facilitar la investigación, y surgieron diversas teorías heterogéneas que, además de a ETA, involucraban a Marruecos, Francia y hasta el mismo PSOE en la autoría de los atentados.
El 16 de abril de 2004, José Luís Rodríguez Zapatero fue investido presidente del Gobierno con 183 votos a favor. Seis fuerzas políticas dieron su apoyo a la investidura del candidato socialista. Solamente el PP, que volvía a la oposición ocho años después, votó en contra.

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