ALFONSO XIV, EL HEREDERO IMPOSIBLE

Alfonso de Borbón y Battenberg fue, como primogénito del rey Alfonso XIII, príncipe de Asturias y por tanto heredero al trono de España desde su nacimiento hasta 1933, año en que renunció a sus derechos. 

Su venida al mundo tuvo lugar en 1907, dando su padre orden de que el acontecimiento fuese anunciado con el izado de la bandera de España en el Palacio Real y veintiún disparos de salva de cañón.
El júbilo era notorio entre los miembros de la familia real. El heredero, el sucesor, el que habría de dar continuidad a la monarquía española había nacido. Sin embargo, el niño Alfonso era frágil de salud, pues sufría de hemofilia.

Esta enfermedad había afectado a algunos parientes de la reina Victoria del Reino Unido, de quien descendía por vía materna, y le ocasionaría graves problemas durante toda su vida, dificultándole el desempeño de sus funciones como heredero a la corona.

En 1931, tras la proclamación de la Segunda República, el joven Alfonso, aquejado por una crisis de su enfermedad partió hacia el exilio a Francia junto a su padre Alfonso XIII y el resto de la familia real, desde donde fue trasladado a una clínica en Suiza.
Allí, convaleciente y en tratamiento, se enamoró de Edelmira Sampedro, una mujer cubana de origen cántabro y asturiano, que no pertenecía a ninguna familia real y con la que contraería matrimonio poco después.

Por este motivo, los reyes padres le retiraron el apoyo al príncipe de Asturias, ya que según los requisitos de sucesión al trono el heredero debía casarse con una mujer de igual condición social, es decir, que perteneciese a una dinastía.
En 1933, a petición de su padre, Alfonso de Borbón y Battenberg renunció a sus derechos como príncipe de Asturias y por tanto dejó de ser heredero al trono de España en el exilio. Su título lo heredó su hermano Juan, conde de Barcelona. 

Desde entonces, Alfonso de Borbón y Battenberg utilizó el título de conde de Covadonga, y tras la renuncia contrajo finalmente matrimonio con Edelmira, de la que terminaría divorciándose en 1937. 
No tuvo descendencia con su mujer cubana, como tampoco la tendría con su segunda mujer, Marta Esther Rocafort, debido a una operación a la que fue sometido a causa de su hemofilia y que le dejó estéril.

Alfonso pasó más de la mitad de los treinta y un años de su corta vida en cama, internado en hospitales, con operaciones y dolores terribles. Sin embargo, parece que en plena guerra civil española (1936-1939) trató de recuperar su título de príncipe de Asturias.
Pero ya era demasiado tarde para el heredero imposible, en todos los sentidos. En 1938, mientras viajaba en coche en Miami, tuvo un accidente automovilístico en el que chocó con una cabina telefónica.

En principio, el golpe no parecía revestir demasiada gravedad, pero fue finalmente fatal para Alfonso, provocándole una hemorragia interna que no pudo cortarse por la hemofilia que padecía, costándole la vida. 
El que de haber reinado hubiese sido Alfonso XIV murió en el hospital Gerland de Miami. Pasó media vida sufriendo a causa de la terrible hemofilia y unos 7 años en el exilio. Fue rechazado por su familia y apartado de sus derechos al trono.

Fue Alfonso de Borbón y Battenberg, cuyos restos, desde 1985, por orden de su sobrino el rey Juan Carlos I, descansan en el Panteón de Infantes del monasterio de El Escorial.


Comentarios

Entradas populares de este blog

LA MANO OCULTA TRAS EL ASESINATO DE CARRERO BLANCO

EL BLOQUE NACIONAL: CATOLICISMO Y MONARQUÍA CONTRA EL FRENTE POPULAR

EL ÁGUILA DE SAN JUAN, ORIGEN DE UN SÍMBOLO POLÉMICO