CUANDO ALFONSO XIII APOYÓ A FRANCO
La relación entre Franco y Alfonso XIII fue cambiante como cambiante fueron los papeles que uno y otro desempeñaron en diferentes momentos de la historia de España.
Franco hizo su carrera militar bajo el reinado de Alfonso XIII, y se ganó la confianza del monarca hasta el punto de ser nombrado por él general de brigada, además de director de la academia militar de Zaragoza.
Franco, a su vez, designó padrino de su boda con Carmen Polo al rey, aunque éste declinaría finalmente tal honor. La relación era, por tanto, cordial y de confianza, aunque no íntima como se demostraría después.
En abril de 1931 se proclama la II República y Alfonso XIII y su familia parten hacia el exilio, primero a Francia y más tarde a Italia. Algunos militares no aceptaron nunca la República y conspiraron desde el inicio contra ella, pero no fue el caso de Franco.
El gallego era un militar pragmático que, aunque de simpatías monárquicas, no era un entusiasta de la causa del rey, y aceptó con disciplina la República en sus inicios, lealtad que mantendrá hasta 1936.
Alfonso XIII, sin embargo, nunca dejó de conspirar desde el exilio, conversando con militares monárquicos y decidido a apoyar cualquier sublevación militar contra el régimen republicano con el fin de restaurar la monarquía.
Franco no participa de estas intrigas, lo que lleva al rey a desconfiar de él, por considerar al ferrolano como demasiado ambiguo. En 1932 fue Sanjurjo quien se sublevó contra la República, general que despertaba mayores simpatías en el monarca exiliado.
En 1936, cuando se produce el golpe militar contra la República, también es José Sanjurjo el llamado a liderarlo, pero muere en un accidente aéreo, resultando Franco finalmente el jefe de los sublevados.
Alfonso XIII, esperanzado por la sublevación y aprovechando su presencia y reconocimiento en la Italia fascista, comienza a tratar de convencer a Mussolini, con quien mantiene trato personal, de que apoye al bando de Franco en la contienda.
El Borbón presenta la guerra civil como una lucha contra el comunismo, mediando y consiguiendo que Italia envíe aviación, tropas, armamento y logística al bando nacional, que sería de vital importancia para los sublevados.
En una carta al pueblo español en 1937, Alfonso XIII escribió lo siguiente: «Nuestra cruzada continúa metódica y victoriosaz aunque lenta».
El empeño de Alfonso XIII se debía a que pensaba que, una vez consumada la victoria total de Franco y sus tropas, los nacionales restaurarían la monarquía, volviendo a reinar en España. Sin embargo, el rumbo de los acontecimientos sería bien distinto.
Franco poco a poco consolida su poder personal, siendo nombrado Generalísimo, caudillo y jefe del estado, primero de forma efectiva de las zonas controladas y finalmente, con el triunfo definitivo de su ejército, de toda España.
Tras la victoria nacional, Alfonso XIII envío un telegrama a Franco con un mensaje formal de apoyo: «A sus órdenes, como siempre, para cooperar en lo que dependa de mí, seguro de que llevará a España por el camino de la gloria y grandeza que todos anhelamos.
Franco, sin embargo, en ningún momento trata de acercarse al monarca, y consolidado su inmenso poder como caudillo, descarta por completo la restauración de la monarquía. El rey exiliado, desencantado y políticamente marginado, se siente traicionado.
En enero de 1941, Alfonso XIII abdica en su hijo Juan de Borbón, y un mes después, muere en el exilio en Roma, sin volver a España y viendo frustradas todas sus esperanzas de restaurar la monarquía.
Tampoco reinará su hijo Juan, el conde de Barcelona, que durante el franquismo tratará sin éxito que se restaure el régimen monárquico. La familia real no volverá al poder en España hasta que el nieto de Alfonso XIII, Juan Carlos, sea proclamado en 1975.
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