CUANDO ESPAÑA DESCUBRIÓ AUSTRALIA
Durante los siglos XVI y XVII, la Monarquía Española era ama y señora del océano Pacífico, llamado por algunos el lago español. Desde 1565, España controlaba las islas Filipinas y desde Nueva España y el Perú mantenía rutas comerciales estables.
Pero los anhelos españoles eran mayores. En aquel tiempo la ambición española llevaba a buscar nuevas tierras al sur y al oeste, entre ellas una masa de tierra hipotética que aparecía en los mapas europeos pero a la que nadie había llegado: Australia.
Denominada en la época Terra Australis Incognita, se creía que esta superficie terrestre era necesaria para equilibrar el mundo, y fueron varias las expediciones que España llevó a cabo con el objetivo de encontrarla.
Las primeras tuvieron lugar en la primera mitad del siglo XVI, como la de García Jofre de Loaísa o la de Ruy López de Villalobos, pero, aunque se acercaron, ninguna llegó a Australia.
Sin embargo, a principios del siglo XVII una expedición partió desde el Perú con el objetivo de, por fin, encontrar la anhelada y enigmática Terra Australis, y obtuvo mayores éxitos. Se trata de la expedición de Pedro Fernández de Quirós y de Luis Váez de Torres.
Quirós, encargado de dirigir el viaje, era un navegante portugués al servicio de la Corona Española, pues desde 1580 Portugal estaba integrada en la monarquía de España. Váez de Torres, por su parte, era gallego y su segundo de a bordo.
Es el año 1605. Quirós parte desde el Perú, como dijimos, al mando de 3 barcos: el San Pedro, el San Pablo y el San Martín. El portugués, navegando hacia el sur, encuentra una masa terrestre que cree el deseado continente austral.
Sin embargo, se trata de la actual isla de Vanuatu, cerca de Australia. Quirós bautiza la isla como Austrialia, mezclando la palabra Austria, en honor a la casa real española, y austral, y dejando constancia escrita de sus hallazgos.
Aunque Pedro F. de Quirós no llegó a la Terra Incognita, la búsqueda de Australia continuó. En 1606 Torres se separa de su superior y emprende un viaje independiente, navegando hacia el oeste y cruzando el estrecho que separa Australia y Papúa Nueva Guinea.
Pasando por el que hoy se llama Estrecho de Torres en su honor, el gallego ve claramente tierra al sur. Se trata, nada más y nada menos, que de la anhelada Australia. Desde entonces los mapas españoles muestran ya a Australia separada de Nueva Guinea.
Estos hechos ponen de manifiesto que España, mediantes las expediciones de Quirós y Torres, fue la primera potencia europea en divisar Australia, haciéndolo en 1606 y documentando la ruta seguida.
Sin embargo, la Monarquía Española no proclamó el hallazgo, bien porque Australia no resultaba de interés por no haber oro o plata o por la dificultad para mantener una tierra tan lejana. Muchos mapas fueron archivados y el descubrimiento un secreto de estado.
Años después, también durante el siglo XVII, llegarían a Australia los holandeses, y finalmente, los británicos, quienes cartografiaron la coste este, reclamaron la tierra y se adjudicaron su descubrimiento, aunque España había llegado antes.
Lo que está claro es que España, aunque no se estableció en el actual territorio australiano, fue pionera en su cartografía y la exploración de sus costas. Para testimonio, el estrecho que separa Australia de Papúa Nueva Guinea, que lleva el nombre de un gallego.
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