EL CURA SANTA CRUZ, EL TERROR DE LOS LIBERALES

Si hablamos de guerra civil en España, inmediatamente se tiende a pensar que nos referimos a la contienda de 1936-1939. Sin embargo, durante el siglo XIX España vivió una constante de conflictos civiles, siendo las guerras carlistas particularmente atroces.
Concretamente durante la tercera y última, que estalló en 1872 y concluyó en 1876 con la derrota del carlismo, destacó por su fanatismo y ferocidad un sacerdote y guerrillero cuyo nombre aún evoca terror en algunos pueblos vasco-navarros: el cura Santa Cruz.

De nombre Manuel Ignacio Santa Cruz Loidi, nació en Elduain, en Guipúzcoa, una tierra profundamente rural, católica y tradicionalista. Provenía de familia humilde y, dada su vocación religiosa, ingresó en el seminario y fue ordenado sacerdote.
Durante algún tiempo fue párroco en pequeñas localidades guipuzcoanas, pero el estallido de la III Guerra Carlista en 1872 hace que Santa Cruz decida tomar las armas para combatir por la causa de Don Carlos VII. Pero no lo hará en el ejército regular carlista, sino que formará su propia partida de guerrilleros.

Su actuación se caracterizó por la ferocidad y crueldad contra los liberales, su extremo fanatismo religioso y sus implacables castigos y ejecuciones. El cura trabucaire, guerrillero y radical, se ganó por ello una fama deplorable incluso dentro de las tropas carlistas.
Preocupados por la mala imagen que daba a la causa y por el terror que generaba en Navarra y Vascongadas, algunos generales de su bando trataron de controlarlo sin éxito, por lo que Santa Cruz fue expulsado del ejército carlista y repudiado por casi todos.

Incluso llegó a ser condenado a muerte por sus propios correligionarios, acusado de actuar al margen de la disciplina militar y de utilizar violencia extrema. Sin embargo, Santa Cruz logró huir, primero a Francia, y después a Inglaterra, por lo que la pena no se ejecutó.
Incluso se dice que en territorio inglés se encontró tiempo después con el pretendiente carlista, arrodillándose el cura ante su rey, avergonzando y con culpa por los crímenes cometidos.

Santa Cruz en el exilio abandonó la lucha armada y se dedicó por completo a la vida religiosa, trasladándose a Hispanoamérica para trabajar como misionero. En Colombia, alejado de la política y haciendo penitencia, murió a los 80 años en 1926.



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