EMBAJADA A TAMORLÁN, EL HISTÓRICO VIAJE DESDE ESPAÑA A SAMARCANDA

 

Samarcanda, Uzbekistán. Una avenida lleva por nombre «Rui González de Clavijo». En el país, una aldea lleva el nombre de «Madrid». Para saber por qué hay que conocer la historia de una aventura.

A finales del siglo XIV, el Imperio Otomano representaba una amenaza para la Europa cristiana. 
Desde Castilla, la preocupación por la expansión otomana iba en aumento.
Pero en el oriente un poderoso líder político-militar se presentaba como la gran esperanza para frenar el avance islámico: el turco-mongol Tamorlán, emperador del imperio timúrida. 
Enrique III, rey de Castilla, entusiasmado por las victorias de este líder oriental decidió enviar una delegación diplomática a la corte de Samarcanda, en el actual Uzbekistán, con la intención de mantener contacto y sellar buenas relaciones con Tamorlán, estableciendo una alianza militar y comercial castellano-timúrida contra los otomanos musulmanes.

La expedición estaría liderada por el cortesano madrileño Ruy González de Clavijo, el fraile Alfonso Páez de Santamaría y el militar Gómez de Salazar, que se encargarían de llevar al emperador turco-mongol numerosos obsequios, halcones y telas.

La aventura fue tremenda: partieron desde El Puerto de Santa María y cruzaron el Mediterráneo hasta llegar a Constantinopla; navegaron el Mar Muerto y continuaron a pie y a caballo atravesando los actuales Turquía, Irak e Irán, cruzando cordilleras y desiertos.

Más de un año de penurias y de agotador viaje hasta que en septiembre de 1404, casi 15.000 kilómetros recorridos después, llegaron a Samarcanda, a la corte del emperador Tamorlán.
Allí asistieron a banquetes, bodas, fiestas, exhibiciones. Tamorlán les dió trato privilegiado.

Sin embargo, la muerte de Tamorlán en 1405 y la guerra civil que se desató por su sucesión precipitaron la salida de la región de los embajadores castellanos, que veían como se truncaba la alianza encomendada por el rey Enrique III.
Tras un viaje espantoso lleno de adversidades, llegaron a Castilla en 1406, donde Clavijo entregó al rey su informe sobre el viaje y su estancia en Samarcanda.
Enrique III murió ese mismo año de 1406, dándose por finalizadas las negociaciones y posibles alianzas entre Castilla y el imperio timúrida.

Sin embargo, lo más valioso y trascendental de este viaje es la crónica de González de Clavijo, llamada Embajada a Tamorlán, en la que relata con todo tipo de detalles y precisión el trayecto y estancia de los diplomáticos castellanos por las lejanas tierras de oriente.

Hoy en Samarcanda, como dijimos al principio, existe una avenida que honra a González de Clavijo, y una pequeña aldea de Uzbekistán lleva el nombre de Madrid por orden del mismísimo Tamorlán.
Ahora ya sabes por qué.


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