LA BATALLA QUE EL CID GANÓ DESPUÉS DE MUERTO

Tras la caída del Califato de Córdoba, la España musulmana se dividió en reinos de taifas. Además, entró en la península ibérica un grupo de guerreros fundamentalistas islámicos: los almorávides. Sin embargo, en 1094, el Cid Campeador conquista Valencia por su cuenta.


Sin rendir pleitesía a monarca alguno, Rodrigo Díaz de Vivar se convirtió en gobernante de la ciudad de Valencia de forma independiente.
Y lo fue durante 5 años, hasta 1099, año en el que el Cid, según cuenta El Cantar, recibió la visita de San Pedro en sueños.

San Pedro le anunció a Rodrigo que moriría en treinta días, pero que después de muerto vencería en una batalla póstuma a los musulmanes.
Y así sucedió, según la leyenda. El Cid murió en julio de 1099, pero aún no había dicho su última palabra con la espada.

Doña Jimena, su esposa, junto a su lugarteniente Álvar Fañez, embalsamó el cuerpo de Rodrigo Díaz de Vivar con mirra y bálsamo para conservar un aspecto vivo. 
La última orden del Cid fue que, una vez hecho esto, le colocasen a lomos de su caballo Babieca para presentar batalla.

El cadáver del Cid fue vestido con su armadura más resplandeciente y fijado con un armazón de madera oculto al lomo de su fiel caballo. 
A media noche, asediada Valencia por los musulmanes, se apareció ante los sarracenos el Cid a lomos de Babieca, con su espada Tizona en mano.

Los musulmanes, aterrorizados ante la aparición del caudillo al que creían muerto, huyeron despavoridos de la ciudad. 
Creían que el Cid había resucitado, y muchos se ahogaron tratando de huir en barcos por las costas de Valencia.
El Cid había logrado el milagro.

Consumada la victoria póstuma, el ejército cristiano abandonó la indefendible Valencia, escoltando el cuerpo del Cid en una procesión triunfal hacia el Monasterio de San Pedro de Cardeña en Burgos.
El Cid descansaba por fin. O tal vez espera el momento para volver a resucitar.

 

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